2 de julio de 2026
Así descubrieron al “chupacabras”: la investigación científica que reveló el misterio de los animales mutilados
En mayo de 2002 comenzaron a aparecer denuncias en distintas zonas de La Pampa y del centro y sur de Córdoba sobre animales muertos y mutilados. Los relatos hablaban de la ausencia de ubres, la zona vaginal y otros tejidos blandos, hechos que rápidamente fueron asociados con una nueva ola de la leyenda del “chupacabras”, una criatura que forma parte del folclore latinoamericano.
Por José Maria Quevedo
En ese momento, Bernardo Cané, expresidente del SENASA de Argentina, tomó el tema con cierta ironía. Según recordó:
“En aquel momento tomé el tema con humor. Incluso el investigador Fabio Zerpa llegó a criticarme por tratar el asunto con demasiada liviandad. Mi comentario era: ‘Aflojenle al vino caliente por la mañana’”.

La repercusión mediática también alimentó el misterio. “En televisión, Chiche Gelblung, uno de mis ídolos, hizo en el estudio una comparación utilizando una vaca y una grúa para ironizar sobre las supuestas acciones del chupacabras”, relató Cané.
Sin embargo, más allá de las bromas y las versiones populares, surgió la intención de investigar qué ocurría realmente. “Junto con un amigo veterinario de Tandil, el Dr. Pablo Bergonzelli, nos propusimos investigar el fenómeno con rigor metodológico. La idea fue recrear un escenario similar al de las denuncias”.
Para eso realizaron una prueba de campo en las sierras de Tandil. “Colocamos el cadáver de un animal recientemente muerto y montamos una carpa de observación equipada con visión nocturna”. Durante la vigilancia detectaron actividad de pequeños animales. “Colocamos trampas, capturamos varios ejemplares y los enviamos a la Facultad de Ciencias Naturales de la UBA para su identificación y tipificación”.
El análisis permitió encontrar una explicación biológica para las supuestas mutilaciones. “El dictamen determinó que se trataba del hocicudo rojo, un pequeño roedor carroñero que aumenta su actividad durante los años secos y fríos. Es un animal agresivo al alimentarse y consume tejidos blandos”.
La investigación concluyó que estos animales no eran responsables de atacar al ganado vivo. “Estos animales no matan al ganado: aprovechan animales que ya están muertos”. También se señaló que otros carroñeros, como los caranchos, pueden intervenir en animales muertos o en terneros recién nacidos.
Lo que parecía una acción realizada con precisión casi humana tenía, según la investigación, una explicación natural.
“Las mutilaciones, que parecían realizadas con instrumentos de precisión, en realidad podían explicarse por la forma y el patrón de desgaste de los dientes de estos roedores, que producen cortes muy limpios mientras consumen los tejidos blandos”.
Así, el misterio del “chupacabras” encontró una respuesta científica: detrás de muchos de aquellos casos no había una criatura desconocida, sino procesos naturales de descomposición y alimentación de animales carroñeros. “Esta investigación aportó una explicación biológica y verificable para muchos de los casos que alimentaron la leyenda del chupacabras”.
Ver nota: Misterio en Colonia Italiana
